Las y los profesionales de la intervención social y del comportamiento humano, desde las diferentes disciplinas, conocemos y sabemos de la importancia y trascendencia del establecimiento de límites. Diría más, cualquier persona puede reconocer la necesidad de los mismos para poder vivir en convivencia. Pero desde hace un tiempo y en diferentes órdenes de cosas es inevitable preguntarnos ¿dónde están los límites?

Traspasar los mismos debe ir aparejado con la asunción de consecuencias conocidas y reconocidas, de tal forma que no únicamente pueda ser sancionado de forma jurídica, sino también y mucho más importante, éticamente. Porque para convivir son fundamentales los valores, son el pilar de las sociedades y sin ellos, seremos testigos o mejor dicho, protagonistas de la transformación a una sociedad de la que no habremos sido capaces de diseñar una posible hoja de ruta que nos oriente.

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