Un comentario en este blog de Jaume Albaigès (@jaume_albaiges) y un interesante post en su blog Tecnolongia: “¿Y si los voluntarios decidieran pasar de las organizaciones?“, me lleva a reflexionar sobre el papel del voluntariado a la luz de movimientos como #spanishrevolution, en donde miles de personas son capaces de organizarse, y desarrollar tareas voluntarias durante semanas, logrando una gran repercusión social. ¿Podemos tener realmente voluntarios sin organizaciones? ¿O al menos sin las organizaciones clásicas? ¿Son una evidencia de teorías como las de Clay Shirky? Clay Shirky, consultor y profesor de la Universidad de Nueva York, ya en 2008 en su libro “Here comes everybody. The power of organizing without organizations“, trata de demostrar que ya no necesitamos a las organizaciones para organizarnos.

En un modelo 1.0 se necesitan organizaciones porque las transacciones cuestan tiempo y dinero, en un contexto “clásico”, las organizaciones disminuyen los costos de transacción. Pero las nuevas herramientas sociales disminuyen de forma drástica los costos de coordinación de las acciones grupales. Ahora se pude lograr una coordinación a gran escala y a bajo precio sin la necesidad de una organización formalmente constituida. Es cierto que muchos de estos proyectos fracasan, o sus resultados son muy modestos, pero debido a los bajos costos de las transacciones, el fracaso no cuesta gran cosa, pero además curiosamente, los aprendizajes del fracaso son enormes para iniciativas posteriores.

Así, van apareciendo pequeños movimientos mas o menos organizados, que funcionan en forma de red, que se agrupan y separan, aparecen y desaparecen, ya que en la mayoría de los casos su objetivo no es la permanencia si no el logro de determinados objetivos. Normalmente con un elemento común la utilización de la tecnología. Para David de Ugarte, economista, tecnólogo y emprendedor comprometido con los nuevos modelos de democracia económica, en “El poder de las redes: Manual ilustrado para personas, colectivos y empresas abocados al ciberactivismo” los movimientos “… surgen por autoagregación espontánea, así que planificar qué va a hacer quién y cuándo no tiene ningún sentido, porque no sabremos el qué hasta que el quién haya actuado” .

El voluntariado es un fenómeno en constante evolución, desde un voluntariado ligado a la caridad al voluntariado transformador que trata de cambiar realidades que generan exclusión. Pero hasta ahora, sea un voluntario caritativo o de transformación, la diferencia esta en los efectos de su acción, no en como se desempeñaba y organizaba esa intervención. Tradicionalmente esta asumido que el voluntariado tiene unas funciones básicas: Aportar innovaciones, prestar servicios, defender los derechos de los colectivos mas vulnerables, garantizar valores de solidaridad, compromiso, etc., actúar como mediadores entre los ciudadanos y el Estado para canalizar necesidades y demandas.

Pero lo cierto es que en los últimos años el voluntariado, salvo algunas excepciones, ha estado centrado en la prestación de servicios. Por ello, las organizaciones de voluntariado funcionan como una organización clásica. Existe una fuerza de trabajo que se transforma en servicios para los usuarios y la propia organización. La organización es un instrumento necesario para gestionar la oferta y la demanda, para organizar adecuada y eficazmente el “proceso productivo”. Cuando las nuevas tecnologías hacen su aparición, se trabaja sobre todo para optimizar el proceso productivo. Todas las acciones que aparecen en ese momento relacionadas con las nuevas tecnologías acaban siguiendo este camino, haciéndose planteamientos muy próximos al teletrabajo centrándose en como se podían gestionar esos “televoluntarios”. Es el momento del llamado voluntariado on line. Un ejemplo de este momento es “La guía de voluntariado on line”, o experiencias como Microvoluntarios.

Pero actualmente algo esta cambiando, toman absoluto protagonismo, las causas, las redes y plataformas, la actuación en tiempo real, se maneja y gestiona fundamentalmente información y se aumentan las interacciones entre los miembros. Pasan a ponerse en primer lugar otras funciones del voluntariado (ya no exclusivamente la prestación de servicios) como la defensa de derechos, actuar como portavoz, garantizar valores… En este nuevo entorno ya no estamos hablando de voluntarios on line, si no de ciberactivistas. Ciberactivismo es la “estrategia que persigue el cambio de la agenda pública, la inclusión de un nuevo tema en el orden del día de la gran discusión social, mediante la difusión de un determinado mensaje y su propagación a través del «boca a boca» multiplicado por los medios de comunicación y publicación electrónica persona”(Ugarte, 2007).

El ciberactivismo puede darse en el seno de organizaciones. Han utilizado técnicas de ciberactivismo organizaciones como Intermón Oxfam, Amnistía Internacional, Greenpeace,  o partidos políticos como el PSOE con los Voluntari@s Red… Pero también en redes no tan formales. Varios países ya cuentan con plataformas de acción ciudadana por Internet, como MoveOn en los Estados Unidos, GetUp en Australia, y 38 degrees en el Reino Unido. Con distinto formato, encontramos a Change y, Actuable en España, que en solo unos meses tiene más de 150.000 miembros. Y a nivel global, Avaaz que, en apenas cuatro años se ha convertido en la comunidad ciudadana global online más grande del mundo, con más de 7 millones de miembros distribuidos por todo el planeta (400.000 de ellos en España).

Pero, ¿que diferencia al voluntariado del ciberactivismo? Para la Plataforma de Voluntariado en EspañaUna persona voluntaria es aquella que, sensibilizada por la situación social de los colectivos desfavorecidos, excluidos o marginados, decide, de manera altruista y solidaria participar, junto con otras, en diferentes proyectos dentro de una organización de voluntariado, dedicando parte de su tiempo en beneficio de una acción enmarcada en proyectos concretos”.

Posiblemente el único matiz puede estar en el concepto que tengamos de organización. Las organizaciones clásicas no consideran esta actividad como voluntariado, incluso en ocasiones es depreciada: no están organizados, no son constantes, sus cambios no permanecen en en el tiempo, son informales, no tiene futuro, es voluntariado de salón, … Posiblemente nos encontramos ante una nueva evolución de voluntariado, un paso mas, no creo que exista marcha atrás. Y las organizaciones tendrán que adaptarse, transformase, reordenarse para ser capaces de apoyar y canalizar este nuevo tipo de voluntariado. Algunas ya lo han hecho, otras continúan conscientemente al margen, mirando para otro lado, esperando que esta moda pase. Pero lo que es cierto es que si lo desean, los ciudadanos comprometidos, los voluntarios, podrán ejercer sus acciones sin organizaciones, o por lo menos sin organizaciones tan formales. ¿Estamos preparados para darles cabida? ¿Que valor añadido pueden aportar las organizaciones? ¿Cómo canalizar todas esas inquietudes de solidaridad, entusiasmo y compromiso?

Las organizaciones de voluntariado deberán plantearse estas cuestiones para ver como se transforman. Si no son capaces de asumir estas transformaciones, como en la película “Los otros” de Alejandro Amenabar, alguien tendrá que decirles que probablemente los muertos son ellos.