Una de las consecuencias más alarmantes de la crisis que vivimos hoy en España, es que se está acentuando la pobreza y la exclusión social. En la actualidad el 27% de la población (más de 12,4 millones de personas, una de cada cinco personas) vive por debajo del umbral de riesgo de pobreza y exclusión social y ha provocado un aumento de la pobreza infantil (más de 2 millones de niños). 

Ante la gravedad de la situación los ciudadanos y ciudadanas se organizan solidariamente. Cada vez aparecen mas redes de solidaridad que tratan de paliar los efectos de la crisis. Pero, se corre el riego de caer en la tentación de desarrollar acciones meramente caritativas, necesarias, pero no suficientes, muy aplaudidas por la población y los medios de comunicación, pero con un impacto muy relativo. Vemos como aparecen comedores, roperos, reparto de productos, organizados por los propios vecinos y vecinas. Pero más allá de las acciones meramente caritativas, las redes de solidaridad, pueden convertirse en un eficaz instrumento de lucha contra la pobreza y la exclusión. Debemos canalizar la solidaridad, creando redes que faciliten a los vecinos y vecinas los canales adecuados para que puedan poner al servicio del desarrollo de su entorno mas próximo (barrio), su tiempo, conocimiento y recursos. Menos protagonismo de las organizaciones, mas protagonismo de las personas. Se debe producir un cambio de estrategia hacia el compartir, colaborar, acceder o intercambiar bienes en vez de poseerlos. Pasar de la propiedad al uso. ¿Puede ser el consumo colaborativo una salida a la crisis? 

Para Christian Felber,aunque los valores debieran ser la orientación esencial, las guías de nuestra vida, hoy en día en economía priman otros valores completamente diferentes a aquellos que son válidos en nuestras relaciones diarias con otras personas. En nuestras relaciones diarias o de amistad nos va bien cuando ponemos en práctica valores tales como la confianza, la sinceridad, el aprecio, el respeto, escuchar a los demás, la empatía, la cooperación, la ayuda mutua y la voluntad de compartir. La economía de libre mercado se basa en un sistema con normas que potencian la búsqueda de beneficios y la competencia. Estas pautas incentivan el egoísmo, la codicia, la avaricia, la envidia, la falta de consideración y de responsabilidad.”. 

Elinor Ostrom, ganó el Premio Nobel de Economía en 2009, compartido con Oliver E. Williamson, por su análisis de la gobernanza económica, especialmente de los recursos compartidos. Ostrom demostró cómo los bienes comunes pueden ser administrados de forma efectiva por un grupo de usuarios, preservando los recursos comunes y evitando el colapso ecológico, sin llegar a su agotamiento. En contra de lo que tradicionalmente han pensado otros economistas, que han considerado que mantener los recursos comunales requiere de la intervención estatal o del interés privado individual. Para que un grupo pueda ser capaz de organizar y controlar su conducta colectiva y puedan auto organizarse adecuadamente los colectivos deben:

  • Definir claramente los límites de grupo.
  • Que las normas que rigen el uso de los bienes colectivos respondan a las necesidades y condiciones del lugar.
  • Los individuos sujetos a las normas puedan participar en la modificación de las mismas.
  • Las autoridades externas respetan el derecho de los miembros de la comunidad a definir sus propias normas.
  • Existe un sistema para controlar la conducta de los miembros, los propios miembros de la comunidad ejercen ese control.
  • Se emplea un sistema de sanciones graduado.
  • Los miembros de la comunidad pueden utilizar mecanismos poco costosos de resolución de conflictos.

Consumo Colaborativo, Economía de la Colaboración o Economía del Acceso son algunos de los términos utilizados para describir un movimiento donde el acceso prima frente a la propiedad. El Consumo Colaborativo se puede definir como la manera tradicional de compartir, intercambiar, prestar, alquilar y regalar redefinida a través de la tecnología moderna y las comunidades. Se quiere resolver la contradicción de valores entre economía y sociedad, incentivando y premiando en la economía los mismos comportamientos y valores que tienen éxito en las relaciones humanas: honestidad, empatía, confianza, estima, cooperación, solidaridad, voluntad de compartir. Todo ello desde acciones e ideas sencillas, que requieran pocos recursos y que puedan tener un impacto significativo en la vida de las personas, ese es el gran reto que nos proponemos. Existen tres formas de consumo colaborativo:

Sistemas basados en producto. 

Pagar por el beneficio de utilizar un producto sin la necesidad de adquirirlo. Estos sistemas atraen cada vez a un mayor número de usuarios. 

Por ejemplo elCarsharing, modelo de alquiler de automóviles en el que el usuario alquila el vehículo por cortos períodos de tiempo, habitualmente por una hora. Algunos ejemplos de carsharing podemos encontrar en SocialCar, Hellobyecar, AvancarRespiroCarSharing.

El carpooling donde diversas personas comparten coche tanto para viajes periódicos como para trayectos puntuales. Algunas alternativas publica o privadas en de carpooling: Coche Compartir, Menos Humos, Blablacar, Amovens, RoadSharing, Carpoolingy Shareling. 

El bicing,servicio de alquiler de bicicletas públicas como por ejemplo el Bicing de Barcelona, Sevici de Sevilla, Valenbisie Valencia o Bizi de Zaragoza

Mercados de redistribución. 

Redistribuir los bienes usados o adquiridos de donde ya no se necesitan hacia algún lugar o alguien que sí los necesita, por ejemplo mercados de intercambio y de segunda mano. En algunos mercados los productos pueden ser gratuitos como en No Lo Tiro, en otros se intercambian, por ejemplo Grownies, para ropa de niños.

Estilos de vida colaborativos. 

No sólo se pueden compartir o intercambiar bienes materiales. Personas con intereses comunes se unen para compartir e intercambiar bienes menos tangibles como tiempo, espacio, habilidades y dinero. Con la crisis económica, el ahorro ha dado un gran impulso al consumo colaborativo, ya que el acceso a los bienes frente a la propiedad puede suponer en muchos casos un ahorro y también es capaz de generar ingresos económicos a las personas. Pero también existen movimientos y grupos con valores sociales que crean estos modelos para compartir. 

Estos intercambios tienen lugar principalmente a nivel local o de barrio, donde se comparten espacios para trabajar, coworking, , cultivar, Huertos Compartidos, la wifi, Fon o se presta dinero entre particulares, Comunitae. Otras formas de estilos de vida colaborativos son el landshare, donde se pone en contacto a gente que quiere cultivar con otros que tienen un terreno donde hacerlo. También relacionado con el espacio, se puede compartir plaza de aparcamiento o un sitio donde guardar cosas. Hay muchos más ejemplos como colaborar en la financiación de proyectos (crowdfunding), intercambiar herramientas entre vecinos

También podemos encontrar alquiler de habitaciones a viajeros como Airbnb, o dejar dormir a la gente en tu casa Couchsurfing. Otras iniciativas en este ámbito son Bedycasa, 9flats o Alterkeys entre las generalistas y para grupos específicos como emprendedores Bizpora, o público gay MisterBnB. Otras ofrecen el intercambio de casas como Knok, HomeforHome o HomeCompartia.

Los bancos de tiempo son un sistema de intercambio de servicios por tiempo. En él la unidad de intercambio no es el dinero habitual sino una medida de tiempo, por ejemplo el trabajo por hora. Es un sistema de intercambio de servicios por servicios o favores por favores. Tiene la ventaja de fomentar las relaciones sociales y la igualdad entre distintos estratos económicos. Se plantea el uso de este tipo de economía para solucionar diversos problemas presentes en la economía de mercado, a modo de economías complementarias o mercados alternativos.

Las monedas sociales son una herramienta que nos permite registrar los intercambios en una determinada zona para crear con ellos un sistema económico alternativo y permanente que permita, en mayor o en menor medida, prescindir de la moneda “oficial”. Suelen estar impulsadas y gestionadas por una red de actores locales (personas, grupos, asociaciones…) que promueven una carta de valores sociales, ambientales, de proximidad, solidaridad y participación. 

Tenemos algunos ejemplos como ZoquitoSol, Eco, Turuta, Puma, Mora, Boniato, Sol Violette, o Bristol Pound

Los grupos y cooperativas de consumo son grupos de consumidores que reclaman productos de calidad, a buen precio, producidos cerca del lugar donde se van a consumir (de proximidad), directamente del productor sin pasar por intermediarios, de temporada y en muchos casos de agricultura y ganadería ecológicas. Su base son ciudadanos que, con una cierta sensibilidad medioambiental, social y hacia la salud que buscan la manera de abastecerse de alimentos ecobiológicos. Son más habituales para productos de alimentación, pero pueden también satisfacer más necesidades: aseo personal, limpieza de la casa, vestido…

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