Iniciativa Social y Estado de Bienestar

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LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA.

Introducción

La gran importancia de la iniciativa social y el gran volumen de recursos que moviliza, no es un aspecto muy conocido, incluso dentro del propio sector y es considerado en ocasiones residual, hablándose del “sector desconocido” (Nielsen, 1979)[1] o del “continente perdido” (Salamon y Anheier, 1999)[2].  Sin embargo, ya comenzamos a disponer de datos que nos dan información sobre su autentica importancia y sobre su espectacular crecimiento en todo el mundo.

Un estudio comparativo desarrollado por la Universidad de Johns Hopkins en 22 países, con datos de 1995 demuestra claramente la importancia de la iniciativa social.  Esta investigación descubre que el sector mueve en estos 22 países 1,1 billones de dólares, con el equivalente de 19 millones de trabajadores a jornada completa, lo que supone un promedio del 4,6% del PIB, representando el 5% de todo el empleo (excluido el agrario), el 10% de todo el empleo del sector servicios y el 27% de todo el empleo del sector público  Una media de un 28% de la población de estos países aporta parte de su tiempo a estas organizaciones, lo que equivaldría a 10,6 millones de empleados a tiempo completo.  Sumados remunerados y voluntarios el sector representa un 7% del empleo no agrario de estos países.  Si el sector no lucrativo de los países estudiados formase un país seria la octava mayor economía del mundo (Salamon y Anheier, 1999)[3].

La participación social es un fenómeno muy extendido en Europa, en los 23 países de la Europa occidental, con una población total de más de 400 millones de ciudadanos, entre la mitad y los dos tercios pertenecen al menos a una organización no gubernamental (Jarre, 1991)[4], en la Unión Europea algunas estimaciones hablan de entre una tercera parte y la mitad de la población: aproximadamente cien millones de personas (Comisión de las Comunidades Europeas, 1997)[5].

 

Su distribución es irregular entre los diferentes países, incluso varía dentro de estos, así por ejemplo, existen grandes diferencias entre los países católicos y protestantes (Le Net y Werquin, 1985)[6], o entre el norte de la Europa occidental, donde la participación es mas frecuente y al Europa meridional, y a su vez de la Europa meridional a la Europa del Este donde los ciudadanos parece que han optado por inhibirse (Halman, 2001)[7], después de décadas de “participación forzada”.  En cualquier caso, suponen un potencial enorme de ciudadanos dispuestos a apoyar y colaborar en los más diferentes proyectos y tareas.  En la Unión Europea se estima que en torno al 31% de los europeos participan en asociaciones, pero dicho porcentaje es más importante en el caso de los irlandeses (48,3 %) y menor en el caso de los italianos (22,6 %) (Eurobarómetro, 1987)[8].  Según esta misma fuente España se sitúa en torno al 25,2 %, el ultimo país en participación después de Italia.

En nuestro país, de acuerdo con los últimos datos disponibles, se ha producido un incremento espectacular de la pertenencia a asociaciones desde comienzo de la década de los noventa.  En la actualidad el grado de asociacionismo estaría en tono al 40%.  Alberich (Alberich, 1994)[9] estima que “10.193.000 españoles están afiliados a una o varias asociaciones, el 33.1 por ciento de la población mayor de dieciocho años”.  Ruiz (Ruiz, 2000)[10] con datos de 1995, estima que existen mas de doscientas cincuenta mil asociaciones, con mas de veinte millones de cuotas de socios y mas de once millones de socios registrados.  Continuando con estas estimaciones, Ruiz de Olabuénaga estima que “En términos del PIB, el gasto total del Tercer Sector (sin imputar el valor del voluntariado), asciende a 3.215.247 millones de pesetas, el equivalente al 4.6% del PIB español de 1995, y a 4.095.235 (con dicha imputación), lo que equivaldría al 5.87 del PIB”. (Ruiz, 2000)[11].  Ruiz afirma en la misma investigación que el empleo equivalente del tercer sector asciende al 4.6% del empleo no agrícola, proporción que se eleva hasta el 6.8% si se tiene en cuenta el trabajo de los voluntarios.

Estos datos confirman que el incremento de ciudadanos que participa en asociaciones ha sido importante.  Nos encontramos con el hecho paradójico que mientras en los ochenta se produce un descenso importante de pertenencia a asociaciones, el número de estas prácticamente se duplica.  Cada vez existían más asociaciones, pero menos asociados.  Ahora bien, este incremento de participación no quiere decir que nos encontremos ante una sociedad civil fuerte y bien estructurada: “el país en general no tiene una concepción de lo público como un ámbito de responsabilidad colectiva, ni tampoco dispone de una presencia fuerte, estructurada y responsable de lo que se ha venido denominando sociedad civil” (Subirat, 2001)[12].

En cambio, los niveles de solidaridad que se dan entre la población española son de los mas altos de Europa, por ejemplo, en el verano de 1994 España es el país que más fondos recauda para el conflicto de Ruanda, desbordando todas las previsiones de las ONG.  En 1998, como consecuencia del huracán Mitch se produce una corriente de solidaridad entre los ciudadanos españoles sin precedentes.  Esta corriente de solidaridad ocupa incluso portadas en los periódicos europeos ante la magnitud del apoyo ofrecido.  Esto no debe extrañarnos ya que según un estudio de la Fundación Empresa y Sociedad, el 58% de los españoles está dispuesto a dar un día de su sueldo para ayudar a los más necesitados[13].  Y que decir de los miles de voluntarios que acudieron a Galicia para intervenir en la catástrofe del Prestige bajo el grito de “Nunca maix”.  ¿Somos quizás solidarios compulsivos y no solidarios reflexivos?, ¿Nos importa el aquí y el ahora y no las consecuencias futuras? ¿Nos cuesta comprometernos a largo plazo?.

Diferentes tipos de participación

Debemos aclarar que estamos hablando en general de participación identificándola simplemente con afiliación o pertenencia a una organización, independientemente de como se produzca esta participación, y posiblemente dejando fuera otras formas que numéricamente también tienen importancia.  Por ello, debemos diferenciar entre diversas formas de participación (Navajo, 1995)[14]:

  • Participación activa seria la participación de aquellas personas que estando afiliadas a una organización colaboran activamente con su acción personal en su desarrollo, sostenimiento y actividades.  En este caso, en realidad, nos estamos refiriendo a los voluntarios, su objetivo al estar en una organización es hacer cosas (otro tema, como veremos más adelante, es que realmente las hagan), donan a la organización su tiempo.

  • Participación pasiva podríamos definirla como la forma de colaboración de aquellas personas que estando afiliadas a una organización, de un modo constante colaboran económicamente para el desarrollo, sostenimiento y realización de actividades.  En este punto nos estamos refiriendo a los socios o colaboradores económicos (Su denominación varia dependiendo de la asociación u organización y pueden existir otras denominaciones diferentes).  Su misión es sostener económicamente a la organización, donan a la organización su dinero.  Puede resultar contradictorio hablar de participación pasiva, pero en realidad “participan en la organización pasivamente” ya que no desarrollan actividades.  En otros ámbitos es denominada solidaridad a distancia (Orizo, 1995)[15] Participación activa encubierta es una categoría que comienza a darse con cierta magnitud en determinados ámbitos asociativos.  Seria la forma de participación de todas aquellas personas que colaboran activamente en las organizaciones y asociaciones, pero que no son formalmente miembros de ellas ya que se resisten a estar afiliados por los más variados y diversos motivos.  Pertenecen a esta categoría lo que algunos denominan colaboradores o simpatizantes.  Dependiendo de cómo se realice el estudio para calcular el nivel de participación esta última categoría puede no aparecer. Por ejemplo, si se pregunta ¿Pertenece usted a alguna asociación u organización?

  • Participación pasiva encubierta seria la forma de participación de todas aquellas personas que sin estar afiliadas a la organización ocasionalmente apoyan económicamente para el sostenimiento, desarrollo y realización de actividades.  Son las personas que ocasionalmente realizan donativos en campañas especificas, llamamientos generales de colaboración, sorteos, rifas, etc.  En los últimos tiempos es una de las formas de participación que más han crecido y uno de los reflejos más patentes de ese boom de la solidaridad.

TIPOS DE PARTICIPACIÓN EN LAS ASOCIACIONES

 

CONTRIBUCIÓN ECONÓMICA

CONTRIBUCIÓN DE TIEMPO

SI AFILIACIÓN

Participación pasiva (socios, colaboradores económicos)

Participación activa (Voluntarios)

No-AFILIACIÓN

Participación pasiva encubierta (colaboradores económicos ocasionales)

Participación activa encubierta (Colaboradores activos de la organización)

Dependiendo de la organización la proporción entre estos diferentes tipos de participación puede variar enormemente y así tendremos organizaciones donde predomina la participación activa, otras la pasiva, e incluso existen algunas en donde predomina la encubierta de los dos tipos.  Por ello, al hablar de participación, debemos especificar siempre que sea posible a que categoría nos referimos.

¿Hacia una cultura de la solidaridad?

Estos niveles de participación indican que algo esta cambiando en la sociedad española y posiblemente estemos pasando de una sociedad donde prima el dinero, la competitividad y el individualismo a una sociedad más solidaria y donde los ciudadanos consideran que pueden satisfacer mejor algunas de sus necesidades estando asociados y siendo solidarios.  Este aumento de la solidaridad puede ser debido a (de Felipe y Rodríguez, 1995)[16]:

  •  Factores estructurales:

viñeta

Aumento del tiempo libre entre la población.

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Percepción de un aumento de necesidades sociales debido a la crisis del Estado de Bienestar.

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Crisis de valores que hace que se busquen nuevos valores que los sustituyan.

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Desencanto con la actuación de partidos políticos y sindicatos.

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Aumento de la confianza de la sociedad en asociaciones no lucrativas. (Un 78,7 % de los españoles considera que el trabajo de las ONG es muy eficiente) (CIS, 2001)[17]

  • Factores coyunturales: Desarrollo de determinados hechos que movilizan la solidaridad de la población (Crisis de Ruanda, imágenes de la guerra civil en Liberia, riada de Biescas, huracán Mitch en Centroamérica, accidente del Prestige, protestas contra la guerra en Irak)

Para otros autores, el desarrollo y consolidación del tercer sector depende de alguno de los siguientes factores (Álvarez, Martín y Martínez; 1998)[18]:

  • El papel de gobierno en la provisión de bienes públicos.

  • La experiencia religiosa y la heterogeneidad social suplen el papel del Estado, a fin de preservar la identidad de cada grupo.

  • Acceso a donaciones.

  • Los valores religiosos y éticos (las religiones han contribuido al crecimiento del sector no lucrativo)

¿Quién es responsable del bienestar?

Estos niveles de participación pueden parecer elevados en una sociedad donde, una amplia mayoría de los ciudadanos piensan que el Estado es el responsable de resolver sus problemas.  En una encuesta de Demoscopia para El País (El País, 16 de octubre de 1988) un 75% de los españoles considera que el Estado es responsable de todos los ciudadanos y debe ocuparse de las personas que tienen dificultades, mientras solo un 23 % afirman que los ciudadanos deben hacerse cargo de la situación cuando tengan problemas.  Según los datos de otras investigaciones  (Véase los datos de CIRES) continua siendo mayoritaria esta opinión y solo un 7% considera que los ciudadanos son los responsables de su propio bienestar.  A pesar del aumento del asociacionismo no varía la actitud de la población con respecto a la responsabilidad del Estado.  ¿Porque surge esta aparente contradicción?  Posiblemente no ven a las asociaciones como instrumentos para proveer servicios, que según la población deben ser mayoritariamente responsabilidad del Estado, sino como alternativas para la satisfacción de determinadas necesidades (por ejemplo ocio), la complementación de determinados servicios o la presión al Estado para que efectivamente preste los servicios que debe dar.  Este componente de presión quizás se haya incrementado en los últimos años.  Los ciudadanos Españoles han descubierto que asociados pueden lograr mejor determinadas cosas, pero esto no exime en ningún modo al Estado de su responsabilidad para con ellos.

Niveles de asociacionismo juvenil

Solemos pensar que los jóvenes son más solidarios que el resto de la población, y esto aparentemente es así, pero si analizamos el asociacionismo juvenil este no difiere en gran medida, ya que los jóvenes tienden a ser más individualistas, especialmente cuando se encuentran con una sociedad que ya desde el propio sistema educativo prima la competitividad entre los alumnos y con una situación económica en donde sólo los más fuertes logran triunfar.  Este esfuerzo que tienen que realizar hace que los ideales por los que estarían dispuestos a algún sacrificio, sean personales (Martín Serrano, 1991)[19].  Sin embargo, la mayoría de ellos atribuyen el estado de necesidad a la injusticia social (62%) y esto los puede llevar a actuar contra ella, aunque debemos tener en cuenta que un preocupante 14% lo considera inevitable y ligado al progreso y, un 12% piensa que se produce por pereza y falta de voluntad (Martín Serrano, 1991) [20].

Un 2% de los jóvenes están afiliados a algún partido político, el 3% a algún sindicato y en torno a un 29% pertenecen a alguna asociación voluntaria de cualquier otro tipo (incluidas las deportivas que son las que cuentan con más afiliados) (Prieto, 1993)[21]; es decir en torno a un 34% de los jóvenes pertenecen a una organización.  Datos de otras investigaciones más recientes aumentan este índice de participación hasta el 39% y destacan la existencia de un enorme potencial voluntario entre los jóvenes ya que más del 50% se lo ha planteado o pensado en ello (Orizo, 1995)[22].  Estos resultados no deben extrañarnos, especialmente ya que las causas por las que estarían dispuestos a sacrificarse pueden desarrollarse perfectamente estando asociados: paz, derechos humanos, tercer mundo, defensa de la naturaleza (Martín Serrano, 1991)[23].  Sin duda que una mayoría piense que los problemas sociales se producen por la injusticia y que estén dispuestos a sacrificarse por estos valores, hace de los jóvenes un colectivo muy predispuesto a asociarse para lograr estos objetivos, que sin duda pueden desarrollar mejor asociados.

La participación activa

Todos estos datos reflejan afiliación o pertenencia a asociaciones no reflejan participación activa, si nos preguntásemos cuántas personas participan activamente en las organizaciones a las que pertenecen, estas cifras se verían sensiblemente reducidas.  El Presidente de la Plataforma para la Promoción del Voluntariado en España estima que en nuestro país existen 550.000 personas voluntarias (Fuentes, 1996)[24] (participación activa).

En otras investigaciones (Cabra de Luna, 1994)[25], preguntada una muestra sobre si habían realizado actividades voluntarias en el mes anterior, un 10% respondió afirmativamente, indicando que dedicaban por término medio 6,25 horas al mes, es decir entorno a una hora y media a la semana (la misma encuesta destaca que un 71% de la población realizó algún tipo de contribución económica a una organización).  Datos obtenidos del estudio realizado por Tábula V en 1996 (De Miguel, 1996)[26] apuntan que un 15% de los entrevistados participa como voluntarios en las ONG (un 42% dice colaborar económicamente).  En un estudio encargado por la Comunidad Autónoma de Madrid y que centra su investigación en esta comunidad, estima que en torno a un 14% realiza tareas voluntarias y que para el conjunto del Estado un 46% colabora económicamente con alguna asociación (González y Gutiérrez, 1997)[27].  Con estos datos parece muy acertada la afirmación de Ruiz Olabuénaga: “El voluntariado [...] no baja del 9,5 por ciento de la población mayor de 18 años, pero tampoco supera el 15 por ciento.  Utilizando, en consecuencia, una estimación conservadora del 9,8 por ciento, puede calcularse que el número de voluntarios en España, en sentido amplio, se sitúa en torno a los dos millones novecientos mil”. (Ruiz, 2001)[28]

Datos mas recientes del Centro de Investigaciones Sociológicas diminuyen considerablemente estas cifras situándolas en un 4.4 %, mas del 90% nunca ha sido voluntario y un 72% ni siquiera se lo ha planteado, si hablamos de donaciones un 36% afirma haber contribuido económicamente con alguna organización. (CIS, 2001)[29].  ¿Estudio más riguroso?  ¿Disminución del voluntariado?  No, en este caso debemos tener en cuenta que se esta refiriendo exclusivamente a ONG y no al amplio numero de entidades que conforman el tercer sector.

Si nos centramos solo en el tercer sector de acción social, las estimaciones se sitúan en torno a 734.000 personas, aproximadamente en 2% de la población española (Pérez-Díaz y López, 2003)[30].

En cuanto al tiempo de participación entre los voluntarios, un 54% dedica cinco horas a la semana a la organización y un 6% más de 15 horas (Cortes, Hernán y López, 1997)[31], otros afirman que un 47% dedica menos de 5 horas a la semana y un 16% entre 10 y 20 horas  y un 11 % mas de 20 horas (Pérez-Díaz y López, 2003)[32].  Datos de estudios en el País Vasco (CINDES, 1998)[33] establecen que un 35% de los voluntarios dedica mas de 4 horas a la semana,

Si tenemos en cuenta el número de voluntarios y el número de horas que dedican se pueden realizar estimaciones sobre peso económico convirtiendo estos datos en empleos a jornada completa.  Ruiz de Olabuénaga realiza esta estimación y concluye que “el empleo voluntario equivalente del sector no lucrativo asciende al 2,19 por ciento del empleo equivalente español” (Ruiz, 2001)[34].  Sin duda, esto supone una aportación importantísima no solo a los servicios sociales, sino también al medio ambiente, la educación e investigación, salud, cultura y ocio, etc.

Datos sobre participación voluntaria en mayores de 18 años en Europa recogidos por el estudio European Values en 2001 (Varios, 2001)[35] aporta los siguientes resultados:

Tipo Organización

Porcentaje de voluntarios

Sindical

17%

Religiosas

14%

Deportivas

13%

Culturales

10%

Sociales

6%

Ambientales

4%

Cooperación al desarrollo

3%

Mujer

2.5%

Paz y DDHH

1%

Otras

29%

Según los datos de un sondeo realizado por el Volunteer Centre UK, que analiza el nivel del voluntariado en diferentes países europeos, pone de manifiesto que un 27% de los ciudadanos participan en asociaciones como voluntarios, pero con una amplia dispersión, del 38 % en Holanda al 12% en Eslovaquia. (Gaskin y Smith, 1995)[36].

Sin duda, en cuanto a participación activa todavía nos encontramos lejos de los países europeos.  Hemos alcanzado un importante desarrollo en las asociaciones (en cuanto a calidad y cantidad), la población se afilia a estas (generalmente como socios) y se responde de un modo entusiasta a las solicitudes de colaboración económica que lanzan, especialmente si hacen referencia a situaciones del tercer mundo, pero es posible que visto el desarrollo producido, en pocos años nos podamos encontrar en los niveles europeos.

Si vemos las cifras de Estados Unidos, estas pueden producirnos vértigo.  El número de individuos que son voluntarios ha alcanzado casi el 56 % - un 62% de las mujeres son voluntarias un promedio de 6,4 horas a la semana y el 49% de los hombres son voluntarios 3,6 horas a la semana (Independent Sector, 2000)[37].  109 millones de estadounidenses hacen trabajos voluntarios, lo que supone en un año un total de 20.000 millones de horas.  Las donaciones de particulares a organizaciones ascendieron a 116 millones de dólares en 1995 (Cavestany, 1997)[38], participan miembros de todas las clases sociales (Beja, 1996)[39].  Esta dedicación equivale a 118 billones de dólares anuales.  Los ingresos de las 600.000 organizaciones censadas en 1994 fueron de 568 billones de dólares, cerca del 6% del Producto Interior Bruto (National Comisión in Philanthropy and Civic Rewal, 1997)[40]

En cuanto a los jóvenes sólo el 1,6%, con edades comprendidas entre los 15 a 29 años, realizan alguna actividad asociativa en un día laborable medio (el doble en fin de semana), dedicando a ello por término medio, 2H. 25´.  Considerando que se incluyen en esta categoría todas las reuniones, trabajos, etc., que se realicen sin remuneración en el marco de la actividad de asociaciones de todo tipo - políticas, culturales, sindicales, deportivas, benéficas, educativas, etc.-, ha de reconocerse que el tiempo empleado es muy escaso (Zarraga, 1989)[41].  Los últimos datos nos indican que más de un millón de jóvenes, el 11,9%, se ocupó en algún tipo de acción voluntaria, de acuerdo con una encuesta del Instituto de la Juventud[42].

Esta escasa participación activa no debe hacernos caer en el pesimismo, sin embargo si debe suponer una clara advertencia para el movimiento asociativo.  Las asociaciones, en líneas generales, no han sido capaces de conectar con los ciudadanos, para que se integren y participen en las actividades que desarrollan (parece que sí han conseguido que se produzca la participación pasiva, participación que en muchas ocasiones es un mero impulso ante una información que se recibe pero que desaparece rápidamente).  No podemos decir que las asociaciones han fracasado en este aspecto, pero sí, que en muchos casos han empleado estrategias inadecuadas de acercamiento a la población y no han sido capaces de transmitir el mensaje del nuevo movimiento asociativo de este país.  Otras, como plantea Villasante (Villasante, 1994)[43], “asustan más que animan a la incorporación de nuevos miembros activos”, debido a la imagen de espíritu de sacrificio o de héroes que en muchas ocasiones se transmite.  Una cosa es dar un donativo puntual o pagar una cuota periódica, en donde se puede determinar lo que pago y hasta cuando, y otra ser voluntario de una organización en donde no se exactamente cual será mi nivel de compromiso ¿Cuanto tiempo me quitará?, ¿Seré capaz de desarrollar las tareas que me encarguen?, ¿Esto no será para una gente especial?, etc.  Por ejemplo, en un estudio sobre la captación de voluntarios de la tercera edad, se observa que uno de los problemas más importantes para su incorporación como voluntarios, es la imagen del voluntariado como personas que son casi héroes y tienen un alto espíritu de sacrificio y, por tanto, es algo que no esta hecho para ellos (Alef, 1991)[44].  En un estudio de CIS (CIS, 1996)[45] la razón más frecuente para justificar la no pertenencia a asociaciones es la falta de interés (41%), seguida de los problemas de tiempo (32%).

Quizás, también, el interés del Estado y de las diferentes Administraciones autonómicas y locales en el voluntariado, ha podido producir el efecto contrario al deseado: las ONG se han lanzado al campo de las subvenciones para poder realizar adecuadamente sus acciones, pero esto origina que aparezcan más ligadas a los intereses de la Administración y los programas que realizan son aquellos “subvencionables” por lo que progresivamente pueden alejarse de los intereses de la sociedad para aproximarse a los intereses del Estado.

A pesar de estos problemas, la participación social es hoy en día el principal referente de la intervención social.  Una sociedad realmente integrada es aquella en la que sus miembros se interesan directamente por el bienestar de sus compañeros y crean asociaciones que reflejen ese interés (Marshall, 1981)[46].

Características de los miembros de las asociaciones

Sí se ha producido una importante evolución de la iniciativa social en nuestro país, podemos suponer que también se hayan producido importantes variaciones en los miembros de las asociaciones.  Según algunas investigaciones (Ruiz, 1994)[47] existe un ligero predominio del sexo masculino sobre el femenino, desciende entre los 40 y los 60 años, a medida que asciende el nivel económico y el nivel cultural aumenta el grado de asociacionismo y suelen ser habitantes de ciudades de tamaño medio (entre 50.000 y 100.000 habitantes).  Otras investigaciones (De Miguel, 1996)[48] parecen confirmar esta tendencia en la medida que asciende el nivel socioeconómico y la formación aumenta la posibilidad de que colaboren en una organización.  Datos más recientes (Cortes, Hernán y López, 1997)[49] nos señalan un perfil del voluntariado como joven (un 70% tiene menos de 29 años), con estudios superiores (un 76% tiene estudios superiores o universitarios), con predominio del sexo masculino (un 56%) y estudiantes o trabajadores (un 64% estudia o trabaja).  Para el estudio realizado por la Fundación Tomillo el perfil del voluntario de una ONG de acción social es una mujer, menor de 25 años, con titulación universitaria y que desarrolla tareas como profesional (Martínez, González, González y De Cabo, 2000)[50].

De acuerdo con los datos del barómetro del CIS de mayo de 2001, el perfil de las personas  solidarias responde al de mujer, con edad comprendida entre 35 y 61 años, con estudios universitarios.  Si nos centramos en el voluntariado social el perfil seria el de mujeres mayores de 65 años y con estudios medios, universitarios, e incluso sin estudios (Alemán y Trinidad, 2001)[51].  El estudio mas recientemente publicado, referido al tercer sector de acción social (Pérez-Díaz y López, 2003)[52] señala que existe un predominio de las mujeres (58%) sobre los hombres (42%), un 66 % tiene menos de 35 años, suelen contar con un nivel de estudios superior a la media (28 % con estudios universitarios)

Estos datos difieren a los obtenidos en 1983 por Edis (Navarro, 1986)[53], si bien este estudio solo se refiere al voluntariado social.  Para Edis en el voluntariado existe un predominio del sexo femenino, jóvenes estudiantes y amas de casa, con un nivel de estudios elevado, suelen predominar los de religión católica y son más de izquierdas que la población en general, se definen como de clase social media o media baja (curiosamente bastantes años después de la realización de este estudio se sigue desde ciertas asociaciones manteniendo que este es el perfil del voluntariado de nuestro país).  Sin duda la sociedad española, ha evolucionado enormemente en estos últimos años, las asociaciones han cambiado y lógicamente el voluntariado es diferente.

Pero, ¿Qué imagen recibe la sociedad española del voluntariado?  Si tuviéramos que hacer una foto robot del voluntariado de este país con lo que piensa la población su foto seria muy aproximada a esta: “Chica joven, con estudios y trabajo, situada en una familia estable, económicamente solvente, de clase alta hacia abajo, eficaces en su trabajo, creyentes religiosamente y que son voluntarios en parte por crearse una buena conciencia” (González y Gutiérrez, 1997)[54].


[1] NIELSEN, W: "The endangered sector". Columbia University Press, New York 1979
[2] SALAMON, LESTER M y ANHEIER, HELMUNT k: "Nuevo estudio del sector emergente".  Centro de Estudios sobre la Sociedad Civil.  BBV, Madrid, 1999.
[3] SALAMON, LESTER M y ANHEIER, HELMUNT k: "Nuevo estudio del sector emergente".  Centro de Estudios sobre la Sociedad Civil.  BBV, Madrid, 1999
[4]DIRK JARRÉ: "La iniciativa social y humanitaria en Europa Occidental", en <<Las entidades no lucrativas de carácter social y humanitario>>.  Colección solidaridad. Nº 1, Fundación ONCE, Madrid 1991.
[5] COMISIÓN DE LAS COMUNIDADES EUROPEAS: “El fomento del papel de las asociaciones y fundaciones en Europa”. Comunicación de la Comisión, Bruselas, 06.06.1997. COM(97) 241 final.
[6]LE NET Y WERQUIN: "Le voluntariat: Aspects sociaux e economiques et politiques en France et dans le Monde", La Documentation Francaise. París 1985.
[7] HALMAN, L.: “The European Values Study; A third wave”.  Tilburg University, 2001
[8]OFICINA ESTADÍSTICA DE LAS COMUNIDADES EUROPEAS: "Retrato Social de Europa".  Eurosat 1991.
[9]ALBERICH, TOMAS: "Aspectos cuantitativos del asociacionismo en España", en <<Mundo asociativo>>. Documentación Social Nº 94. Madrid 1994.
[10] Ruiz Olabuénaga , José Ignacio (dir): “El sector no lucrativo en España” Fundación BBV, Madrid 2000.
[11] Ruiz Olabuénaga , José Ignacio (dir): “El sector no lucrativo en España” Fundación BBV, Madrid 2000.
[12] SUBIRAT, JOAN: “Sociedad civil y voluntariado: Responsabilidades colectivas y valores públicos en España”, en <<2001 repensar el voluntariado>> Documentación Social, nº 122 Enero Marzo 2001.
[13] Publicado en El Mundo de 18 de junio de 1997.
[14] NAVAJO GOMEZ, PABLO: "Radiografía del Voluntariado Social en España" en ABC Nuevo trabajo, nº 63 Madrid 2 de julio de 1995
[15] ORIZO, FRANCISCO ANDRES: “Dinámica intergeneracional en los sistemas de valores de los españoles. Opiniones y actitudes”. Centro de Investigaciones Sociológica. Madrid 1995.
[16] DE FELIPE, ANA Y RODRIGUEZ DE RIVAS, LILO: “Guía de la Solidaridad”. Temas de Hoy, Madrid 1995.
[17] CENTRO DE INVESTIGACIONES SOCIOLÓGICAS: “barómetro de Mayo 2001.  Estudio 2419.
[18] ÁLVAREZ DE MON, SANTIAGO, MARTÍN CABAÑA, JAVIER Y MARTÍNEZ SÁNCHEZ, JUAN LUIS: "El tercer sector: Retos y propuestas para el próximo milenio". Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid 1998.
[19]MARTÍN SERRANO, MANUEL: "Los valores actuales de la juventud en España".  Ministerio de Asuntos Sociales, Instituto de la Juventud.  Madrid 1991,
[20]MARTÍN SERRANO, MANUEL: "Los valores actuales de la juventud en España".  Ministerio de Asuntos Sociales, Instituto de la Juventud.  Madrid 1991,
[21]PRIETO LACACI, RAFAEL: "Asociacionismo, ideología y participación". En Navarro López y Mateo Rivas, <<Informe Juventud en España 92>>. INJUVE, Madrid 1993.
[22] ORIZO, FRANCISCO ANDRÉS: “Dinámica intergeneracional en los sistemas de valores de los Españoles”.  Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid 1995.
[23] MARTÍN SERRANO, MANUEL: "Los valores actuales de la juventud en España".  Ministerio de Asuntos Sociales, Instituto de la Juventud.  Madrid 1991.
[24]Según declaraciones del Presidente de la Plataforma para la Promoción del Voluntariado en España al diario Ya de 3 de diciembre de 1996
[25]CABRA DE LUNA, MIGUEL ÁNGEL: "Estudio sobre donaciones benévolas y el voluntariado en España".  Documento multicopiado.  Madrid 1994.
[26] DE MIGUEL, AMANDO: "Solidaridad de verdad", ABC 22 de Julio de 1996.
[27] GONZALEZ BLASCO, PEDRO Y GUTIERREZ RESA, ANTONIO: “La opinión pública ante el voluntariado”, Comunidad de Madrid, Consejería de Educación y Cultura, Dirección de Coordinación y Voluntariado Social”.  Madrid 1997.
[28] RUIZ OLABUÉNAGA, JOSÉ IGNACIO: “El  voluntariado en España” en <<2001 repensar el voluntariado>> Documentación Social, nº 122 Enero Marzo 2001.
[29] CENTRO DE INVESTIGACIONES SOCIOLÓGICAS: “barómetro de Mayo 2001.  Estudio 2419.
[30] PÉREZ-DÍAZ, VÍCTOR Y LÓPEZ NOVO, JOAQUIN: “El tercer sector de acción social en España”. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid 2003.
[31] CORTÉS ALCALÁ, LUIS; HERNÁN MONTALBAN, Mª JOSÉ Y LÓPEZ MADERUELO, OSCAR: “Las organizaciones de voluntariado en España”, Plataforma para la Promoción del Voluntariado  en España.  Madrid 1997.
[32] PÉREZ-DÍAZ, VÍCTOR Y LÓPEZ NOVO, JOAQUIN: “El tercer sector de acción social en España”. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid 2003.
[33] CINDES: “Sondeo sobre Asociacionismo y el Voluntariado en la comunidad Autónoma Vasca”.  Bilbao 1998.
[34] RUIZ OLABUÉNAGA, JOSÉ IGNACIO: “El  voluntariado en España” en <<2001 repensar el voluntariado>> Documentación Social, nº 122 Enero Marzo 2001.
[35] VARIOS: “Resource Book of the 1999-2000European Values Study Surveys,” Tilburg University, 2001.
[36] GASKIN, K. Y SMITH, DAVIS:  “A new civic Europe? A study of the exten and role of volunteering”, Volunteer Centre, U.K., 1995.
[37] INDEPENDENT SECTOR, 2000: www.indepsec.org
[38] CAVESTANY, JUAN: "Voluntariado frente a Estado de Bienestar".  El País, 6 de mayo de 1997.
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