El consenso de los y las profesionales. Coordinación (II)

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De la necesidad de atención socio sanitaria.

No es nuevo que en un encuentro se hable de la atención socio sanitaria, quizá en estos últimos tiempos lo estemos planteando con mayor frecuencia e intensidad por los cambios sociodemográficos que se están produciendo y producirán en un futuro no lejano; fundamentalmente, los debates se han centrado en las personas mayores, en las no dependientes y en las dependientes, en sus cuidadoras, formales e informales pero está claro que la dependencia no únicamente afecta a estas, aunque conformen el mayor grupo de población debido a que la esperanza de vida va aumentando y la natalidad no tiene perspectivas de modificación, y por ello sea más correcto hablar de sujetos de atención socio sanitaria ya que la interrelación entre las situaciones sociales y sanitarias es algo que hoy ya nadie discute.

Esta atención requiere que el abordaje que se realice de las diferentes problemáticas sea integral, interdisciplinar y globalizador de las intervenciones.

La percepción global de la acción que debemos tener las trabajadoras sociales hace que seamos quienes podamos tener la perspectiva de la situación en su conjunto, sin olvidar nuestra presencia tanto en el Sistema Sanitario como en el de Servicios Sociales.

Pero para que se realicen las intervenciones eficazmente se hace necesario el establecimiento de políticas de atención socio sanitarias que vean su reflejo en la elaboración de diferentes Planes Integrales en los que intervengan los diferentes Sistemas que se consideren necesarios, siendo en este caso fundamental, el Sistema Sanitario y el Sistema de Servicios Sociales.

La relación de los dos sistemas es imprescindible desde diferentes niveles de intervención:

  • La prevención: el análisis que se puede realizar de diferentes situaciones desde cada uno de los Sistemas incluye necesariamente la intervención de ambos (de esta manera se podrá ver que para prevenir determinadas problemáticas de salud sólo es posible desde una correcta difusión de la información sobre recursos sociales, desde un ámbito de convivencia personal y social adecuado y desde un contexto favorable de solidaridad social; y recíprocamente, desde los SS.SS. se entenderá que determinados procesos de desarraigo o de pérdida de autonomía personal, familiar o social, se generan en base a carencias de salud, que bien pudieran prevenirse desde una correcta utilización de los Servicios Sanitarios)
  • La asistencia: en la medida que se plantean situaciones que requieran la atención de ambos sistemas.
  • La promoción: para poder hablar de calidad de vida tenemos que hacerlo planteando el disfrute de la salud en un marco de convivencia personal y social adecuados.
  • La participación y el fomento de la solidaridad social: la experiencia nos ha demostrado que prácticas descoordinadas en la animación comunitaria desde diferentes sistemas sobre una misma comunidad anulan sus efectos positivos (por considerarse utilizados).

La correcta interrelación de las estructuras de ambos sistemas hará eficaz la intervención.

La tendencia existente para dar respuesta a las necesidades que plantea la población en situación de dependencia es la atención domiciliaria, fundamentada en causas diversas, entre las que destacan: la valoración que ha adquirido el mantenimiento del medio habitual de vida, el desarrollo de nuevas tecnologías, el reconocimiento de la familia como principal factor de protección y la necesidad de apoyarla, el desarrollo de programas al enfermo terminal en el domicilio y el ajuste del mayor beneficio social con el mínimo coste económico[4].

Estas causas han hecho que se consoliden diferentes actividades sanitarias y prestaciones sociales en el domicilio, aunque todavía quedan pendientes de cubrir determinados servicios y no podemos olvidar que, debido a las limitaciones existentes, un sector importante queda excluido de la atención requerida, sobre todo en lo relativo a recursos residenciales. Y que también se están desarrollando proyectos dirigidos al cuidado de las cuidadoras, aunque sea necesario el refuerzo de los mismos potenciando su implantación en todo el territorio del Estado.

Pero no podemos hablar de la necesidad de coordinación de acciones, de la elaboración de Planes Integrales por parte de ambos sistemas sin dedicar un espacio a la calidad de los servicios.

Generalmente se suele priorizar el aspecto cuantitativo al cualitativo y no podemos olvidar que estamos hablando de seres humanos. Uno de los riesgos que corremos es la utilización de diferentes recursos que no contemplen a la persona en su conjunto, que se lleven a cabo las acciones de forma mecánica con el objetivo de mantenerla en determinas condiciones, consideradas adecuadas por los profesionales.

El plan de cuidados ha de ser incluido en el diseño de intervención social que realiza la trabajadora social, como profesional que globaliza las diferentes necesidades convivenciales y de autonomía de la persona, y ha de ser compartido, en la medida de lo posible, con la persona dependiente y/o con los miembros de la familia y, según proceda, otras personas o grupos que puedan ser un referente de apoyo.

En la actualidad se están prestando servicios, sin control de las entidades privadas que están desarrollando conciertos con los municipios; se tolera que prestaciones como la Ayuda a Domicilio se estén desafectando de la metodología de trabajo social y se aborden como meros servicios de limpieza en el hogar; por otro lado nos encontramos con empleo precario y déficit en la formación especializada, lo que hace que se sumen más razones para exigir velar por la calidad en la gestión de los servicios sean públicos y/o concertados a través del desarrollo normativo apropiado.

El principio de la normalización ha sido para el Trabajo Social motor de integración social y de la universalidad de derechos; en base al mismo se ha trabajado por la defensa de los Sistemas Públicos de Protección Social, evitando en la medida de lo posible, la creación de redes paralelas promoviendo la implantación de Planes Integrales para garantizar el tratamiento normalizado.

En la actualidad, cuando se decide abordar los cambios sociales no se desarrollan las demandas que se derivan de los mismos bajo el principio de la normalización, sino que se promueven iniciativas descontextualizadas de los actuales sistemas de protección social.

Esto está ocurriendo con las “situaciones de dependencia” para las que se está difundiendo la necesidad de crear un “Sistema Sociosanitario” que vendría a dar cobertura a las personas en situación de dependencia con servicios de ayuda a domicilio y plazas residenciales; asistencia sanitaria a crónicos y enfermos mentales; pensiones aplicadas a jubilados en situación de gran invalidez; cuando no hay que olvidar que las necesidades en la atención a las situaciones de dependencia, especialmente en lo que afecta a los Servicios Sociales ya están recogidas como prestaciones básicas, especialmente la Ayuda a Domicilio y las plazas residenciales, tanto en las leyes autonómicas de Servicios Sociales y en el Plan Concertado (1987, actualizado catálogo en 1996) como en el Plan Gerontológico (1994, actualizado en 1998) y en la Ley de Integración Social de Personas con discapacidades (1982 y posteriores decretos que la desarrollan)

Parece evidente que no procede la implantación de un sistema sociosanitario paralelo a los ya existentes de protección social, lo que a todas luces parece adecuado, teniendo en cuenta la exposición realizada, es el abordaje de la situación de las personas dependientes en un Plan Integral que bajo el principio de normalización desarrolle las prestaciones necesarias con la financiación adecuada en cada uno de los sistemas correspondientes: Ayuda a Domicilio, centros de día, plazas residenciales y programas de apoyo a cuidadores, en el Sistema de Servicios Sociales; hospitalización de crónicos y asistencia a enfermos mentales en el Sistema Sanitario; complemento de la pensión de jubilación para gran invalidez en el Sistema de Pensiones, etc.

Reiterar, que los planes integrales atraviesan transversalmente todos los Sistemas de Bienestar Social incluyendo objetivos y medidas en cada uno de ellos pudiendo estar ubicado en una Consejería o Concejalía determinada.

De esta manera, las interpretaciones ante la promoción de “nuevos sistemas” pueden ser diversas, por lo que se hace necesario analizar y evitar las estrategias que puedan acabar por un lado, en la implantación de una red socio sanitaria orientada a consolidar la falta de aplicación de universalidad en determinadas prestaciones de los Sistemas Sanitario y de Servicios Sociales, y por otro, en la imposición de “seguros privados para las dependencias”, a la vez que se anulan los derechos universales establecidos en los Sistemas Públicos, y se consolida la dualización social ante una situación de necesidad social básica como la dependencia. Pero además de este análisis y seguimiento, se requiere el aumento de los presupuestos para la atención de las situaciones de dependencia en los tres Sistemas Públicos afectados, potenciando la coordinación a la que he hecho referencia anteriormente.

A la vez que se difunde la necesidad de este “nuevo sistema”, estamos asistiendo a estrategias que pueden conducir a la desnaturalización y desmontaje del Sistema de Servicios Sociales a través del estancamiento del Plan Concertado de Prestaciones Básicas de Servicios Sociales de Corporaciones Locales por un lado y por otro, a través de la proposición de derogación de las leyes constituyentes del Sistema en las Comunidades Autónomas con el pretexto de dar cobertura normativa a las nuevas necesidades, creando leyes en las que se pretenden eliminar principios como “responsabilidad de los poderes públicos” y “derechos concretados en prestaciones básicas”.

Considero que los nuevos retos se deberían afrontar potenciando las leyes constituyentes existentes y desarrollando nueva normativa que universalicen los derechos reconocidos y garanticen las prestaciones, dotando al sistema de los medios necesarios para que todos los supuestos objeto de protección sean abordados.

Aproximación a una propuesta

Después de apostar por la universalización de los derechos sociales no puedo concluir esta intervención únicamente hablando de la coordinación de los Sistemas Sanitario y de Servicios Sociales para la mejora de la atención sociosanitaria, también, al menos de forma somera reflejar unos apuntes en relación a la universalidad de derechos relacionados tanto con el Sistema de Servicios Sociales como otros Sistemas del Bienestar Social pues el logro de los mismos redundará en la mejora de la calidad de vida de todos los ciudadanos y ciudadanas.

Respecto del Sistema de SS.SS. [5].:

    • Universalizar las prestaciones básicas.
    • Generalizar las Unidades de Trabajo Social y desarrollar los mapas para la dotación de Centros, Albergues, Casas de Acogida y otros equipamientos previstos en el Plan Concertado.
    • Incrementar la financiación del Plan Concertado.
    • Desarrollar los equipamientos para la cobertura de la prestación de alojamiento y convivencia alternativa en el ámbito de competencias de las CCAA.

Respecto de otros Sistemas [6]:

    • Ingresos mínimos (Sistema de Rentas)
    • Escuelas infantiles 0-3 años (Sistema Educativo)
    • Hospitalización de crónicos y asistencia e internamiento psiquiátricos (Sistema Sanitario)
    • Planes Integrales de igualdad de oportunidades para colectivos concretos y Planes de lucha contra la pobreza y exclusión social (Planes transversales a todos los sistemas).

Una vez recogidos estos apuntes, paso a iniciar la propuesta relacionada con la coordinación del sistema sanitario y de servicios sociales.

En ambos, el nivel de atención primaria es considerado imprescindible y fundamental en sus estructuras, además, ambos cuentan con dicho nivel, aunque ya he apuntado los déficits que presenta el Sistema de SS.SS.

Por ello, la consideración de que la base de la coordinación está en la atención primaria parece la más acertada, aunque como veremos, también tiene dificultades.

Ambos cuentan con una puerta de entrada que se personifica en la figura del médico/a de familia en un caso y del trabajador/a social de zona en el otro. Por tanto, contamos con los siguientes elementos:

    • Zonas de salud y de servicios sociales
    • Centros de salud y de servicios sociales
    • Profesionales de referencia en cada uno de los centros.

Con ello, podríamos comenzar a trabajar sobre la coordinación, pero no podemos olvidar un elemento muy importante y que se encuentra sin resolver, las bases territoriales de los dos sistemas son diferentes.

Se hace necesario que se diseñen los mapas de salud y de servicios sociales en función de unas bases espaciales homogéneas o mejor aún, lo ideal sería que existiese un mapa único de bases espaciales de referencia.

Por esto, no nos resulta muy difícil deducir las dificultades existentes en la coordinación. Pero, suponiendo que se resolviera este tema y nos encontrásemos en un mismo espacio, tendríamos que dar un paso adelante y establecer canales de coordinación estables y bien definidos entre los equipos técnicos de los diferentes centros, con especial atención a las figuras profesionales de referencia.

Y como la intervención, en ambos casos, está diseñada para realizarla en diferentes ámbitos, la coordinación ha de responder a la misma, estableciéndose esta tanto para la intervención individualizada como para la intervención comunitaria. Para ello se hace necesario que los planes y programas sean elaborados de manera conjunta por parte de los diferentes equipos técnicos de los centros y utilizando para ello los datos obtenidos de los propios registros que, si fueran homogéneos tanto estos como los soportes estadísticos y las evaluaciones podríamos plantearnos la posibilidad de trabajar sobre indicadores que reflejen aspectos más globales de calidad de vida, en lugar de calidad de atención social o sanitaria.

También sería deseable que la formación continua se realizara de manera conjunta a la vez que imprescindibles las sesiones conjuntas de análisis de problemáticas familiares o de grupo.

Ya que estamos hablando de supuestos, el hecho de que los centros estuvieran integrados en una misma ubicación sería deseable por:

  • Facilitaría la coordinación
  • Reducción de gastos en el diseño de espacios y servicios comunes
  • Esta reducción revertiría en aumento de prestaciones
  • Sería un referente importantísimo para la población como espacio de Servicios.

Para terminar, y señalando que habría que comenzar por revisar y completar los Mapas de Salud y de Servicios Sociales, así como homogeneizar las bases territoriales, suscribo las aportaciones que a modo de conclusión realizó mi colega, Mª Jesús Soler, entorno a la atención domiciliaria [4]:

  1. Que la atención domiciliaria, en este caso sociosanitaria, requiere una continuidad en la relación asistencial a las personas que por diferentes causas precisan de una intervención y unos recursos sociales y sanitarios. La eficacia de este tipo de atención va a venir dada por la sincronización de los diferentes recursos y la adopción de las medidas necesarias de forma rápida y eficaz, asegurándose en su momento la salida hacia recursos residenciales.
  2. La necesidad de la integración de la intervención.
  3. Garantizar la disponibilidad de los recursos precisos.
  4. La importancia de la decisión de la persona usuaria, suficientemente informada, sobre todos los aspectos de la intervención.
  5. La necesidad de contar con el medio familiar y social.
  6. La relevancia que adquiere la relación humana entre la persona atendida y las cuidadoras formales e informales.

Intervención en el seminario DE LA UIMP “LA ATENCIÓN SOCIOSANITARIA EN ESPAÑA: NUEVO RETO EN EL ESTADO DE BIENESTAR”  AGOSTO de 2002

[4] Soler Martín, M. J. “Atención Domiciliaria”. Jornadas sobre Modelo Sociosanitario. Comunidad de Madrid. Revista TRABAJO SOCIAL HOY nº 33 2001. Colegio Oficial de Diplomados en Trabajo Social y Asistentes Sociales de Madrid.

[5] y[6] LAS HERAS PINILLA, M. P. “El Sistema Público de Servicios Sociales: contribución del Trabajo Social, Desafíos, Oportunidades y Estrategias”. Revista TRABAJO SOCIAL HOY ED. Colegio Oficial de Diplomados en Trabajo Social y Asistentes Sociales de Madrid. Presente y futuro de los Servicios Sociales (I Parte) Primer semestre 2002.

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